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Como creo que se me dan mejor los hechos que las palabras, os voy a contar mi último hecho termorregulador de esta tarde, para que desde el quede más claro lo que «ES» el Método Jinjer.
Le estaba haciendo un tratamiento facial a una clienta que previamente, había tomado una sauna de 40 minutos a 45 º después (fijaros el poder de la Ley de Saturación!) le hicieron un masaje descontracturánte de 30 minutos y por último la atendí yo para el facial.
Cuando le estaba poniendo la mascarilla me dice que tiene un fuerte dolor de cabeza, le pregunté que cuantos contrastes de agua fría se había dado durante el tiempo de sauna y me dijo que dos, y no con agua fría sino tibia!
Me contó que venía al centro para relajarse, porque había tenido un día duro, con problemas que la habían estresado bastante y le habían producido el dolor de cabeza. (bastante habitual).
Por suerte para ella tuvo la ¿lucidez? de pedir el facial conmigo, porque hacía tiempo que se lo hice (hará un año) y le gustó mucho como le quedó la cara.
Y, ahí me tenéis a mí pensando rápidamente como le quito el dolor de cabeza en 15 minutos que tenía disponible.
Me puse manos a la obra; buena hiperemia en las piernas por detrás, pies bien tapados, Aliento Polar a piel húmeda y piernas destapadas para que evapore el calor. Veo que la piel está sonrosada y compruebo que desprende calor. Mientras las leyes físicas hacen su trabajo, me voy a la cabeza y le pongo Aliento Polar en todo su contorno por la base del pelo, pulverizo piernas otra vez (noto que seca pronto la piel) y me voy a espalda, donde le hago una mini descongestión dorsal con crema Balsámica y Aliento Polar. Con la piel ligeramente húmeda y crema Balsámica en piernas finalizo haciendo un rápido y profundo masaje.
¿Qué sucedió cuando la clienta se levantó de la camilla? Su sorpresa fue mayúscula, se sentía felizmente extraña y contenta, por descontado se esfumó el dolor de cabeza, pero estaba desconcertada de encontrase tan bien toda ella, en sus propias palabras; descomprimida. No paraba de darme las gracias.
Al pasar por caja le dije: mira que si después de pagar 100 euros te vas con dolor de cabeza!
Un añadido más, le expliqué desde física lo que había sucedido (lo que ella denominó magia) para que otra vez no cometa la aberración que hoy por ignorancia ha cometido, y que tan apremiadamente tuve que subsanar. Y, lo que es más grave (esto no se lo dije, claro) asesorada por la dirección del centro.
¿Sabéis lo frecuentemente que estas cosas suceden? ¿Sabéis la mezcla de profunda satisfacción y tristeza que se siente, cuando de entre tanta gente que pasa por estos lugares “terapéuticos” tan sólo de vez en cuando se tiene oportunidad de “rescatar” a alguien?
Dejémoslo ahí! mejor actuar y no pensar.
Besos
Africa.
