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Los germinados son muy fáciles de hacer. Se necesita:
– Germinador o un recipiente de cristal.
– Semillas.
– Agua.
Preparación:
• Preparados en un recipiente de cristal y una gasa o paño de algodón.
– Colocamos la semilla elegida en el recipiente de cristal, cubrimos de agua con el doble, o triple de su volumen para las leguminosas.
– Dejamos en remojo durante la noche.
– De mañana lavar, escurrir, cubrir con la gasa y colocarlo en un lugar oscuro y algo cálido.
Es preferible colocarlo boca abajo, para que siga escurriendo por completo.
Y sobre todo para las semillas más pequeñas, podemos acomodar los granos a lo largo de la pared del frasco.
– Cada día se vuelven a lavar, escurrir, tapar y voltear, 2-3 veces al día.
Si hay mucho calor y humedad, enjuagar con más frecuencia para mantener el frescor.
– Hasta que empiecen a germinar, que tardarán de 3 a 5 días, y luego llegaría con un mojado de enjuague y escurrido diario.
– Dejar que alcancen de 1 a 2 centímetros. Después los colocamos a la luz, solar, un par de horas es suficiente, para que tomen el color verde con sus propiedades, las hojas.
– Cuando tengan el tamaño y el color que deseamos los guardamos en el frigorífico.
Observaciones:
– En este proceso, percibimos como las semillas despiertan y se activan, abren, se transforman, se aligeran y estiran, se renuevan y crecen. Esa es su energía y nos la aportan, centrífuga como la del momento primaveral. También, contrarrestando los efectos del cambio climático nos van a refrescar al interior. Se hace evidente ese aporte de frescura ¿verdad?
– Las semillas de alfalfa son las más rápidas en germinar, las leguminosas son las más lentas.
– Lo mejor es comer los germinados crudos. Algunos tienen más dificultad de digestibilidad, por lo tanto hay que masticarlos más y así también los saboreamos mejor. Se les puede dar un hervor, sabiendo que la cocción termina por quedarse con una gran parte de su valor nutricional, sobre todo si se fuesen a añadir a algún plato en la cena.
– Se comen por entero, incluyendo las raíces, cáscaras y hojas. Si queremos desprenderle la cáscara exterior, cubrimos los brotes con agua y estas ya flotan para recogerlas con facilidad.
– Se pueden comer solos, añadir a ensaladas, salteados, sopas… También pueden mezclarse en cremas y compotas, guarniciones, salsas y aderezos.
– Al estar vivos aguantan guardados en el refrigerador, incluso dos semanas. Hay que vigilarlos, de todos modos, porque tienden a volverse rancios, lo mejor es hacerlos con más frecuencia.
– Los estoy haciendo con las leguminosas tiernas, recién recogidas de la huerta y sacadas de sus vainas y sin necesidad del remojo de la noche. Una gozada…
– Y utilizo para el remojo de las semillas el agua que reservo de haber remojado las algas, aportando así, a mayores, sus sales minerales.
Bueno, siempre investigando y buscando la manera de incorporar el recurso que ofrece las propiedades de las algas y su energía, ya que son aliadas a tener en cuenta a diario en la alimentación para el cambio climático.
Gracias Jinjer. Saludos totalmente primaverales desde Galicia, calidez y humedad, disfrutando hoy de la lluvia.
