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Hola Jaime,
Has convocado a los foreros a participar en el tema de la contaminación electromagnética.
Jinjer ha esperado unos días antes de contestar, por alusiones: “invitando al propio Jinjer”
Así pues, expondremos el pensamiento del MJ sobre el tema.
Efectivamente, la contaminación en la que vivimos es esférica, e incluye la electromagnética.
Vivimos atrapados en una telaraña de campos eléctricos y magnéticos que nos influyen, alterando muy sutilmente la armonía de nuestro vivir.
Desde la telaraña de líneas de baja, media y alta tensión que recorren el territorio de todos los países y las calles de las ciudades, hasta la pequeña maraña del cableado que recorre las paredes de nuestra casa con sus terminales en electrodomésticos, ordenadores, consolas… sin contar la cantidad de pilas que alimentan montones de aparatejos en nuestros hogares o las horas que muchas personas pasan ante las pantallas de televisiones u ordenadores. Sin olvidar todos los aparatos que funcionan con ondas en centros y oficinas.
Y, no contentos con eso, con los móviles, llevamos la contaminación electromagnética en nuestros bolsillos y muy cerca de nuestro sistema nervioso cuando los acercamos al oído para hablar con esos pequeños aparatitos, muy útiles… y muy contaminadores.
Y más todavía, con las prendas sintéticas nos “vestimos” con un corsé electromagnético a partir de la electricidad estática de las fibras sintéticas.
Nuestro sistema nervioso funciona con electricidad, por eso la transmisión casi instantánea de estímulos desde los sentidos al cerebro. Y por eso, nuestro sistema nervioso es hipersensible a los campos eléctricos y magnéticos.
Los efectos de todo tipo de contaminación electromagnética se podrían resumir en la aceleración de la vibración molecular de nuestros electrones; se traduce en sobrecarga de tensión en nuestro sistema nervioso y se manifiesta en el aumento de todo tipo de estrés o dolor físicos o de nervios a flor de piel, ansiedad, desasosiego o sufrimiento psicológicos.
Por ejemplo, en los niños, podría traducirse en mayor hiperactividad o agresividad, dificultad de concentración y, por lo tanto, menor rendimiento escolar…
En fin… estamos en el siglo XXI y al igual que no podemos evitar la contaminación del aire, no podemos evitar la electromagnética. O, no del todo… aunque podemos rebajarla poniéndonos lo más fuera del alcance de los aparatejos, en lugar de tratar de tener los más posibles o vestir con prendas de fibras naturales en lugar de sintéticas.
Y, conscientes de la contaminación y calentamiento globales y esféricos, por eso se diseñó el MJ para tratar de neutralizar las derivaciones inevitables de esos dos fenómenos.
Como sugerencias para neutralizar en lo posible la contaminación electromagnética, como siempre, “primun non nocere” (ponernos fuera del alcance en lo posible de las fuentes de campos electromagnéticos).
Luego, seguir las indicaciones generales del MJ en cuanto a alimentación y ejercicio y seguir los hábitos termorreguladores. Los contrastes son un extraordinario medio para liberar al sistema nervioso de todo tipo de contaminación.
En la alimentación, como sugerencia específica, tomar fermentados tipo miso.
Bueno, Jaime, este es el punto de vista de Jinjer.
Por supuesto, los móviles afectan a los oídos y, por ende, no sólo a los riñones, sino a todo el sistema genitourinario.
Dado que el sistema nervioso está comandado por el hígado, también afecta a este órgano y a su asociado, la vesícula.
Los móviles alteran el funcionamiento de los marcapasos en las personas que los tienen, por lo tanto, también afecta a nuestro motor, el corazón.
Y, por supuesto, todo cuanto sobrecarga a la totalidad del organismo, debilita también nuestro sistema inmunitario.
En cuanto a la diferencia entre electricidad y magnetismo, para no alargar este post, puedes consultarlo en Internet.
