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Alex para otro domingo, si puedes, acércate al mar.
Yo tengo cerca el Atlántico, tu el Mediterráneo.
El agua viva del mar!
Me doy un baño en cuanto puedo. Al menos lo estoy haciendo un día a la semana. Como un ritual…
Así como llego, con el ritmo del asfalto, caliente de carga chunga, me desnudo y al agua, un zambullido de pies a cabeza y sumergida en las saladas aguas descargo y la mar, abierta, agradecida, siempre recoge y limpia sin medida.
Primero nado, el movimiento vence al frío y no se piensa, se disfruta!
Luego descanso mientras me entrego a sus brazos de madre y me dejo mecer por su movimiento la siento me uno a su baile, me dejo llevar y en el fluir ella me limpia y en ese abandono permito que me recargue energéticamente con su fuerza y ella misma me devuelve a la orilla, a la que me agarro con ganas y suelto, me agarro con ganas y suelto, me vuelvo a agarrar y me vuelvo a soltar. La arena, las conchas y caracolas, el resistente nácar masajea mis palmas aún en el agua y gozo de la estimulación. Al salir la veo admirada, le agradezco su presencia y su “amor” incondicional. Qué grande! Qué fuerza! Qué poder! Gran amante la mar, que levanta pasiones…
Me froto con la toalla, me cubro el cuerpo y camino por la fría pero gruesa arena seca, masajeando las plantas, activándolas. Mientras la mar me canta tonos ancestrales.
A veces regreso a la orilla para jugar con ella y compartir la alegría, chapoteo dejando caer fuerte los pies y salpicamos el aire con nuestras risas.
Una gran liberación! Y… Una gran recarga positiva!
Nunca es igual, respetar las leyes de la termorregulación hace que varíe y hay que aplicar parámetros.
Así que un día de viento lo acorta, un día lluvioso lo hace más emocionante, un día frío te hace dar una carrera antes y procurar no mojar el pelo, a lo mejor entrar de contraste y rápidamente salir, un día de marejada hace que lo pienses mientras paseas por la orilla esperando que no te envuelva la gran ola y te arrastre la resaca, y hay días en que no tienes el cuerpo para aventuras y te limitas a entrar abrigada de arriba en el mar, hasta que te cubra las piernas y te quedas termorregulando, sin que se te meta el frío hasta el punto de molestia, o simplemente caminas descalza y disfrutas, del masaje, del romper de las olas. Hasta hay veces que termorregulas en seco porque no queda otra y es arriesgado envalentonarse. Si el momento no favorece se espera… Después del temporal llega la calma.
Siempre se disfruta!
Lo probarás verdad? Bueno, cuando lo hagas nos lo cuentas.
