Un «baño de amanecer»

#2008
jinjer
Superadministrador

De vez en cuando, Verónica, es muy conveniente, provechoso y enriquecedor, para el cuerpo y para el espíritu, darse un «baño de amanecer».

Tu post ha traído al recuerdo tantos madrugones para subir a la montaña a ver la salida del Sol desde un pico de 2.000 metros, o tantos amaneceres en las playas.

En la memoria también el recuerdo de un poema escrito en una de esas playas al amanecer, tras dormir con los «parientes»:

«Toda arena la playa, despejada, abierta, enorme…
desnuda de mar que, en marea baja,
calmosamente se despierta con olas lentas, largas, perezosas…
deslizándose suavemente por la arena
en la calma espectante y fronteriza del amanecer,
al levantarse el telón de un nuevo día.

¡Qué belleza en el cielo, ruborizado en el horizonte!
¡Qué belleza en la tierra y en la mar!
¡Qué armonái entre la tierra y el cielo!

Sobre el rostro radiante de la playa,
reflejan los espejos de arena rezumante
la luz y el rubor del cielo
y en mi rostro se refleja la luz y el viento del Este.

¡Qué espectáculo de fuerza y de ternura,
de calma y de poder, de delicadeza y majestuosidad
en el lento transfigurarse del amanecer!

Hasta que, de pronto… se ilumina la montaña
y a contraluz del Sol naciente
brilla el rocío sobre la hierba verde».