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Hola Paco,
Bienvenido al foro. Voy a ofrecerte otro punto de vista. Anoche cuando leí tu post me recordó una conversación que tuve hace muchos años con un compañero de clase. Tenía la misma preocupación que tú expresas. A mis 17 años me parecía que aquella actitud no tenía sentido, para empezar porque estaba sufriendo por algo que, que con total seguridad iba a ocurrir, pero no en ese momento, y mientras estaba dejando escapar la vivencia del presente –no se puede sentir el presente si nuestra atención se centra en el pasado o el futuro, sencillamente la vida pasa de largo porque no estamos, no conectamos con, ni formamos parte activa de lo que sucede a nuestro alrededor, sencillamente nos lo perdemos.
A mis 36 años sigo pensando básicamente lo mismo, aunque no siempre he logrado mantener mi espíritu erguido –como bien dices “alegrías y penas”, como días y noches, se van entretejiendo a lo largo de la vida, cíclicamente como todo y así experimentamos placer y dolor con la oportunidad de crecer que nos brindan.
Pienso que la cultura occidental, en términos generales, da mucha mayor importancia al concepto del yo que la oriental. Y es precisamente la pérdida de la consciencia del yo lo que nos da miedo. Sufrimos porque nos aferramos, nos resistimos a los cambios. El nihilismo es fruto de la creciente importancia del yo personal, del deseo de permanencia, de la percepción lineal del mundo, que exige un sentido para la vida cuando la vida simplemente es, fluye… Es en el fondo una obsesión por tener, por conservar… Nos sentimos el ombligo del universo.
Es curioso que fenómenos como el antropocentrismo, el materialismo (no en el sentido filosófico literal, sino en un sentido más amplio que describe nuestra sociedad actual), la ciencia, el capitalismo y la sociedad de consumo… surgen en la pragmática cultura occidental.
El concepto de la muerte no es igual en todas partes. Nosotros vestimos culturalmente la muerte de negro, mientras en culturas orientales lo hacen de blanco. Mientras para nosotros el cementerio es una visión “incómoda”, en algunos países nórdicos son espacios ajardinados por los que se pasea con total normalidad; en alemán cementerio Friedhof –patio de la paz-.
El otro día un compañero de griego, hablando sobre la creación y el arte me explicó el significado de entusiasmo – del griego enthousiasmos, inspiración divina, arrebato, éxtasis-. ¿Cómo se explican las grandes creaciones humanas, la obra de Mozart, de Miguel Ángel o de Shakespeare o la fuerza creadora que conduce a la unión de un óvulo y un espermatozoide hasta la materialización –conversión de energía en materia- de un ser humano?. Qué es más fuerte la pulsión hacia la muerte –Paco votaría por esta opción- o la pulsión hacia la vida? Ninguna de las dos pienso, ambas son necesarias, opuestas complementarias, y se van sucediendo, crean un ritmo, el que marca el movimiento de la vida, todo lo que nace termina agotando su fuerza, y pasa el testigo a otras formas nuevas que repetirán el ciclo, y así sucesivamente. El mito del Eterno Retorno…
Las reglas no las elegimos nosotros, son las que son. Pero, como siempre, nuestra libertad nos permite elegir cómo enfocar, cómo actuar, cómo vivir las circunstancias. No importa la verdad, no existe una verdad, sino aproximaciones que buscamos para explicar lo que es; lo que importa, en este caso es lo que funciona.
Sabemos intelectualmente que un día nos llegará la muerte, pero si realmente lo sintiésemos no perderíamos el tiempo y viviríamos cada día intensamente.
Lo importante no es averiguar qué pasa cuando nos llega la muerte, sino qué hacemos mientras estamos vivos.
Un saludo,
Olga
